Autoridad
El ejercer influencia para imponer un rumbo, un criterio, una enseñanza, es algo que ha cautivado la mente de algunos. No es malo el que haya quien ejerza autoridad, pero esta no siempre viene por los carriles adecuados. Autoridad y poder se confunden en un mismo pensamiento pero, mientras la primera respeta mucho la libertad de quienes deciden someterse voluntariamente en sumisión y obediencia, la segunda se basa más bien en la fuerza u otras fuentes no tan claras.
" La autoridad no sólo no es identificable o confundible con el poder, sino que autoridad y poder son dos nociones complementarias, si no opuestas. Desde una perspectiva filosófica, el poder reside en la fuerza, que puede tener un origen racional, razonable o irracional, mientras que la autoridad se funda siempre en el reconocimiento voluntario, querido, consentido racionalmente, implícito o expreso."Gran Enciclopedia Rialp,autoridad I
Bueno es que haya personas que ejerzan autoridad, y bueno es que el hijo de Dios pueda hacerlo también.Pero autoridad significa influenciar sobre los caminos de quienes, voluntariamente, así lo aceptan.¿Cómo esto puede suceder? Hay formas que son equivocadas mientras otras son correctas, y es lo que trataremos de ver aquí.
Según Platón y Aritóteles la naturaleza de las personas es desigual, mientras unos nacen para tener autoridad, otros para ser sumisos, obedientes y dependientes. No estamos lejos del concepto del "lider nato", pero encontramos en la Biblia que Dios llama a ser parte de su familia a hombres que no encajarían con ese perfil.1Co 1:26-29 NVI Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. (27) Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. (28) También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, (29) a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.
Con tales individuos sería impensable creer que la Iglesia ejerciera autoridad, influenciando los caminos de hombres, familias, naciones y aún imperios, pero lo hizo, lo hace,y lo seguirá haciendo.
Otros entienden la autoridad como ejercicio del poder y aún del engaño, pero tal influencia será solo superficial, ya que latente estará en el interior de sus subordinados sacudirse el yugo que no han aceptado. Alguien dijo:"...podrán ponerme de rodillas pero mi interior sigue en pie...".
La historia está repleta de líderes que ejercieron por medio del poder y el engaño influencia sobre la vida de otros, pero muertos ellos, murió también su doctrina.
Entonces, ¿cómo ejercer autoridad como hijo de Dios?. David dijo:Sal 18:43-44 RV60 ...Me has hecho cabeza de las naciones; Pueblo que yo no conocía me sirvió. (44) Al oír de mí me obedecieron;Los hijos de extraños se sometieron a mí.
Sin duda David era un guerrero y la fama de sus conquistas le predecía, pero no es a ellas que atribuye la obediencia y sometimiento de otros, sino a la gracia divina:"...Me has hecho..."
Ser sal y luz es influenciar, es tener autoridad, pero no podremos serlo sobre quienes no estén dispuestos a aceptarnos como tal. Nos ganamos ese privilegio por el buen testimonio, además, y por sobre todo, por lo que Dios haga para que eso suceda.
Muchos escucharon a Pablo aquel día pero no todos fueron influenciados por su mensaje, sus palabras marcaban un rumbo que no todos querían seguir, salvo aquella mujer llamada Lidia.Hch 16:13-15 RV60 Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. (14) Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. (15) Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.
¿Sobre quienes estaba Pablo ejerciendo autoridad?¿quienes estaban dispuestos a, voluntariamente, obedecer las enseñanzas de aquél hombre? La respuesta es : Lidia.
No podemos dudar de quien era Pablo como persona y como ministro, pero observe lo que Dios hizo en aquella mujer:"...y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.".
Otro caso de alguien aceptando voluntariamente la autoridad de otro, lo encontramos en Cornelio:Hch 10:30-33 RV60 Entonces Cornelio dijo: hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, (31) y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. (32) Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. (33) Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado.
¿Dónde encontrar oídos así? Solo Dios puede hacer que mujeres ricas como Lidia, extranjeros y poderosos como Cornelio, se sujeten voluntariamente a la autoridad del hijo de Dios.
Un tercer caso podemos encontrar en lo que le sucedió a aquél hombre, malo, violento, que menospreciaba a los creyentes, pero que luego terminó suplicando de rodillas que le dijeran que debía de hacer. Una vez más, aquél se sujetó, voluntariamente, a la autoridad de aquéllos creyentes como fruto de la intervención divina.
Hch 16:23-34 RV60 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. (24) El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. (25) Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. (26) Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. (27) Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. (28) Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. (29) El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; (30) y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? (31) Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. (32) Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. (33) Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. (34) Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.
Es la voluntad de Dios que ejerzamos poder sobre los demonios, que los obligemos más allá de su voluntad, pero sobre las personas no es poder en este sentido sino autoridad.
Autoridad tiene que ver con ejercer influencia en el rumbo del individuo, de la familia y aún de la nación. Y tal sometimiento ha de ser voluntario, como fruto si de un buen testimonio, pero también de la intervención divina. No podemos ejercer influencia donde Dios no nos concede hacerlo, ya sea por nuestro tiempo, o el tiempo del otro, o el tiempo del plan divino.
Muchas veces he sabido lo que debía decir o hacer, pero no pude hacerlo ya que no tenía autoridad, sometimiento voluntario de quienes están dispuestos a escuchar y atender nuestro consejo. En otros casos si, y las palabras no cayeron en "saco roto". Una iglesia quedó sin pastor y comenzamos a apoyarles en la transición de conseguir otro. Ellos me veían como su pastor pero nunca hicieron caso a mis consejos, aunque me decían "pastor", para nada podía guiarles porque no me reconocieron como su autoridad.
Tener autoridad es más que forzar a los demás a ir por un determinado camino. Tener autoridad es contar con la sumisión voluntaria de quienes están dispuestos a permitir que les señalemos el nuevo rumbo, y esto por la gracia de Dios.



