Simeón, hombre movido por el Espíritu
Estar en el lugar correcto en el momento correcto marcará la diferencia, muchas veces, entre el éxito y el fracaso.
Cómo lograr esto es la gran pregunta, pregunta para la cual la Biblia nos da la respuesta.
En un artículo anterior (Dichosa Maria) hablamos de la fe como la clave indispensable para que las promesas del Padre se vuelvan realidad en nuestras vidas. Ahora quisiera hablar de otro aspecto clave, también indispensable, para quien quiera transitar por el dichoso camino de las promesas divinas: la dependencia al Espíritu Santo.
Aquel anciano había recibido una gran promesa de parte de Dios, dice la Biblia que: Luc 2:25-26 BAD Ahora bien, en Jerusalén había un hombre llamado Simeón, que era justo y devoto, y aguardaba con esperanza la redención de Israel. El Espíritu Santo estaba con él (26) y le había revelado que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor.
He allí la promesa pero aquel devoto hombre veía como sus días se estaban acortando y aquella gran expectativa comenzaba a apagarse como una vela llegando a su fin.
Pero llegó el momento en que comenzarón a suceder cosas que estaban más allá de su conocimiento: el Cristo, que había nacido lejos en un pesebre, ahora estaba en su ciudad y él seguía su rutina cotidiana. María, José y el niño habían venido a presentarlo en el templo, templo en el cual aquél anciano pasaba mucho tiempo pero en el cual no estaba en ese preciso momento.
Toda una vida esperando por la promesa y ahora que el Cristo estaba cerca, aquél hombre llamado Simeón, no estaba en el lugar correcto en el momento correcto!!!
La frustración comenzaba a cernirse sobre aquél anciano, la promesa quedaría sin cumplimiento pero en el momento exacto...Luc 2:27-30 BLS Ese día, el Espíritu Santo le ordenó a Simeón que fuera al templo. Cuando los padres de Jesús entraron al templo con el niño, para cumplir lo que mandaba la ley, (28) Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios diciendo: (29) "Ahora, Dios mío, puedes dejarme morir en paz. ¡Ya cumpliste tu promesa! (30) Con mis propios ojos he visto al Salvador,..."
Increible, lo que estaba destinado a ser un gran fracaso se convirtió en éxito porque Simeón fue sensible al impulso del Espíritu Santo de Dios.
Dice la Biblia que: Rom 8:14 BLS Todos los que viven en obediencia al Espíritu de Dios, son hijos de Dios.
En la obediencia al Espíritu, característica del verdadero hijo de Dios, nos encontraremos muchas veces en el lugar correcto, en el momento correcto.
Simeón vio cumplida la promesa del Padre porque fue obediente a la dirección del Espíritu. De igual manera, quienes quieran disfrutar de las promesas del Padre deberán, así como tener fe, permitir que le Espíritu Santo guíe sus vidas
Sal 143:10 TLA Tú eres mi Dios. ¡Enséñame a hacer lo que quieres que yo haga! ¡Permite que tu buen espíritu me lleve a hacer el bien!



